
Con la alegría de la RESURRECCIÓN, al inicio de la Pascua ¡Gracias, papa Francisco!
21 abril, 2025
XXIII Asamblea de la UISG: “La Vida Consagrada, una Esperanza que Transforma”
6 mayo, 2025Si el Beato Pedro eligió el campo de las vocaciones, no fue al azar. Para él, no había una forma mayor de dar gloria a Dios que dedicar toda una vida a la formación de seminaristas, futuros ministros de la Iglesia.
Apóstol de las vocaciones
1. Impulsor del espíritu y carisma del Venerable Manuel Domingo y Sol: La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos heredó el espíritu y carisma de su fundador. “La obra del fomento de las vocaciones era sólo un objeto nuestro, pero sólo un objeto, por más que fuera el principal, el que nos ha caracterizado desde el principio y al que nos dedicamos con afecto, con gusto y celo”.
2. Apostolado Vocacional: “El problema de las vocaciones sacerdotales es la base y la clave de todos”. De esto estaba convencido el beato Pedro, así expresaba: “la acción sacerdotal a favor de las vocaciones es la obra más grande que el sacerdote puede hacer”. Con esta convicción, comenzó enseguida esta tarea apostólica.
Uno de sus anhelos era conseguir que todos los fieles se dieran cuenta de la obligación que tienen de fomentar y ayudar a las vocaciones.
3. La obra de las vocaciones: Fue el cauce principal del trabajo del beato Pedro. Nadie como él, desplegó un celo tan fecundo y apasionado por las vocaciones. Para él, la obra del fomento de vocaciones es la más urgente, porque faltan ya muchos sacerdotes, y el mal no admite espera. No se trata de sacerdote para el sacerdote sino de sacerdote para todos. Es pues, un deber de sociedad contribuir a la formación de los sacerdotes. Es un deber de justicia, puesto que el sacerdote también contribuye a las demás atenciones sociales. Es un deber de misericordia para que no se condenen tantas almas. Es un deber de sacrificio que sacrifiquemos algo a quien todo lo sacrificó en nuestro provecho.
El beato Pedro intentó, por todos los medios a su alcance sembrar la idea vocacional en todos los ambientes. En su pastoral vocacional se dirigía encarecidamente a los sacerdotes, a las religiosas y a todos los fieles: “hay que sembrar siempre y con todos los medios. Como quiera que sea, la siembra es necesaria en todas partes”.
El beato Pedro entiende esta obra, antes que nada, como obra de oración. Porque es lo primero que mandó el Señor para conseguir obreros a la mies. Sólo Dios puede dar la vocación, sólo Dios puede dar la perseverancia. Es obra de Dios, sobre todo, y a Él debemos asociarnos con la oración.

