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5 marzo, 2026El día 7 de marzo a las 20:00 h, la cofradía de las tres caídas de Jesús Nazareno de san Andrés del Rabanedo, León, tenía uno de sus actos de Cuaresma, el pregón de la Semana Santa que este año ha estado a cargo de una discípula de Jesús, Yolanda Rubio Platón.

El pregón se ha centrado en la procesión de las tres caídas, procesión titular de la cofradía desde la perspectiva de la María, la Madre que acompaña el camino de su Hijo.
Cada caída de Jesús es espejo de nuestras caídas. Y, en cada caída, la mirada y cercanía de la Madre está siempre presente.
«nadie camina solo»
En la primera caída aprendemos que nadie camina solo. Es la caída de los que acaban de perderlo todo. Son los pobres, los olvidados, los que viven sin nadie que los mire.
Esta caída es una llamada a la caridad, a permanecer sin juzgar, a acompañar sin agobiar, a sostener sin invadir.
«cargar con el dolor del otro»
La segunda caída, cargar con el dolor del otro. Es la reincidencia en el dolor, el cansancio se acumula y la esperanza parece tambalearse. Es nuestra experiencia cotidiana, nuestra vulnerabilidad se hace palpable, cuesta aceptarla y seguir adelante. Aquí, la Virgen Dolorosa se hace Madre de la Resistencia y como ella estamos llamados a no apartarnos del camino, aunque la esperanza se tambalee, a acompañar y cuidar al hermano solo y desamparado.
«el amor llega hasta el extremo»
La tercera caída, cuando el amor llega hasta el extremo. María comprende que no hay caída definitiva si el amor permanece vivo. Es la caída del que pierde el sentido, del que se siente incapaz de seguir adelante, del que piensa que no será capaz de levantarse jamás.
María se arrodilla con ellos. Ella nos enseña que, cuando ya no quedan fuerzas para caminar, queda la fuerza para amar hasta el último suspiro.
Pero, María no se queda en el dolor de las caídas. En la mañana de Resurrección, está de nuevo María que nos invita a ser compañeros en el camino, presencia amorosa, esperanza para el que cae.
«semillas de amor y de esperanza»
Terminaba el pregón con una invitación a vivir la Semana Santa como verdadero paso de Dios por nuestras vidas, a ser testigos de vida y contribuir en la transformación de los sufrimientos de la vida: enfermedad, guerras, hambre… en semillas de amor y de esperanza.

