Cómo

vivimos

"Desde Dios se ve el lado grande de las cosas" (Bto. Pedro)

“Jesús nos ha convocado: este es el fundamento de nuestra vida.” (cf. Const.1)

El núcleo básico y fundamental de nuestro instituto es la comunidad: la realización de nuestra misión nos exige vivir desde la certeza de la fe, en comunión “formando un solo espíritu y un solo corazón “ y en disponibilidad al servicio de las hermanas, fruto de nuestra actitud de ofrenda en oblación con Cristo.

La fuerza de nuestro Instituto, como obra apostólica de la Iglesia, radica en el amor que nos une y nos impulsa a participar comunitaria y responsablemente en las distintas obras eclesiales.

Fieles a la espiritualidad propia de nuestro Instituto celebramos y vivimos la Liturgia de la Iglesia. La Eucaristía y la Liturgia de las Horas constituyen el núcleo de la oración de cada día.

La oración personal es medio indispensable para ser fieles en el seguimiento de Cristo.

La oración comunitaria a la luz de la Palabra de Dios, siempre viva y eficaz, es otro medio para compartir la fe y vivificar nuestra fraternidad.

Compartimos carisma y misión con los laicos formando la Familia Discípulas de Jesús.

El rasgo que debe caracterizar a una religiosa y a un laico de la familia Discípulas de Jesús es el de la vocación a la santidad en la Iglesia, con una espiritualidad común:

el sacerdocio de Cristo  (glorificando al Padre, siendo bendición para los demás;

siendo salvación de la humanidad, contribuyendo desde los ámbitos a la mejora de las condiciones de vida de todos los hombres y al cuidado de la creación;

en ofrenda con Cristo, uniéndose a él y a su sacrificio en el ofrecimiento de nosotros mismos y de todas nuestras actividades) que tiene su fundamento en la consagración bautismal.



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